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La historia detrás de STAX³PLORER: el globo que llegó a la estratósfera y que unió a un liceo de Colina

Entre rifas, un intento fallido y horas de caminata, estudiantes y su profesor transformaron una idea escolar en una experiencia inolvidable.

Un grupo de estudiantes del Liceo Bicentenario Provincial Santa Teresa de los Andes, en la comuna de Colina, logró concretar un inédito proyecto científico escolar que los llevó literalmente al límite del espacio.

Se trata de STAX³PLORER, una iniciativa desarrollada durante cerca de un año que culminó con el exitoso lanzamiento y recuperación de un globo estratosférico capaz de registrar imágenes y datos ambientales a más de 30.000 metros de altura.

El proyecto fue impulsado por el profesor de Matemáticas Pablo Pailamilla, junto a los estudiantes Matilde Toro, Gabriel Maúlen, Joaquín Gutiérrez, Alonso Osorio, Victoria Henríquez, Paulina López y Franco Rodríguez, quienes asumieron distintos roles técnicos, logísticos y de gestión para sacar adelante una idea que comenzó sin recursos, pero con mucha motivación.

Foto: cedida a Chicureo Hoy

Una idea que venía de antes

En entrevista con Chicureo Hoy, el profesor Pablo Pailamilla explicó que la iniciativa no nació de la nada. “La idea no nació de un día para otro. Hace siete u ocho años ya había intentado algo similar en otro colegio, pero no resultó porque no teníamos los recursos suficientes y perdimos el equipo. Me quedé con esa espina clavada”, relató.

Ya instalado en Colina, decidió volver a plantear el desafío. “Cuando llegué al liceo, hace unos tres años, se lo planteé a un par de estudiantes muy motivados. Les dije: ‘¿Se animan a intentarlo el próximo año?’. Me dijeron que sí, y ahí nació todo”, recordó.

Desde el inicio, el escenario fue complejo. “Partimos literalmente desde cero. No teníamos dinero, no teníamos equipos, solo las ganas de replicar algo que ya se había hecho en otras partes del mundo”, señaló el docente.

Motivación estudiantil y trabajo en equipo

Desde la mirada de los estudiantes, la propuesta resultó inmediatamente atractiva. Para Matilde Toro, una de las líderes del grupo, el proyecto fue creciendo rápidamente. “El profesor nos pidió que empezáramos a reclutar más compañeros y después se nos ocurrió incluir a estudiantes más chicos, para dejar un legado y que el proyecto pudiera seguir motivando a otros alumnos”, explicó.

La motivación también tenía un fuerte componente académico. “Nuestro objetivo siempre fue grabar la curvatura de la Tierra, pero más allá de eso, queríamos llevar lo que aprendíamos en física a algo real, manual, demostrar que sabíamos aplicar lo que nos estaban enseñando”, agregó.

En la misma línea, Joaquín Gutiérrez destacó que el proyecto rompía la idea de que la ciencia avanzada está fuera del alcance escolar. “Lo que más me llamó la atención fue saber que era posible grabar la curvatura de la Tierra con material científico real. Eran cosas que, si bien eran caras, se podían conseguir. Nada estaba fuera de nuestras manos”, afirmó.

Dificultades, frustración y un primer intento fallido

Uno de los mayores desafíos fue el financiamiento. El equipo organizó una rifa a nivel de liceo para reunir los recursos necesarios. “La parte económica fue lo más difícil. Al principio costó mucho que la gente comprara números de la rifa, así que empezamos a pasar sala por sala mostrando el proyecto y ahí recién se motivaron”, relató Matilde.

Pese al esfuerzo, el primer intento de lanzamiento no resultó. “Ese primer intento fue decepcionante, sobre todo para los chicos. Ellos se ilusionan mucho, y cuando algo no resulta, el golpe es fuerte”, reconoció el profesor Pailamilla.

Desde la experiencia estudiantil, la frustración fue evidente. “Ese día fue súper frustrante. Sentimos que habíamos forzado mucho el lanzamiento: había incendios cerca, tráfico aéreo, llegamos tarde y no estaban las condiciones”, recordó Matilde. A eso se sumó un problema técnico clave: “En el primer lanzamiento todo salió mal. Hubo fuga de helio, el globo no levantó el peso y sentimos que todo el trabajo de casi un año se venía abajo”.

foto: cedida a Chicureo Hoy

El apoyo clave y el segundo intento

Cuando el ánimo estaba en el suelo y los recursos se habían agotado, apareció un respaldo decisivo. “Cuando ya no teníamos dinero para intentarlo de nuevo, el Centro de Padres nos dio un aporte muy significativo y gracias a eso pudimos volver a intentarlo”, contó la estudiante.

Ese apoyo permitió comprar más helio, ajustar la planificación y concretar un segundo lanzamiento, esta vez con éxito. El vuelo se realizó el viernes 16 de enero, desde un sector rural de la comuna de Melipilla, con autorización de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC). El globo permaneció en el aire durante más de dos horas y aterrizó en una zona de cerros, donde fue recuperado.

Esfuerzo, recuperación y satisfacción

La recuperación de la cápsula fue exigente, pero gratificante. “Fue bien pesado, porque cayó entre muchos cerros en la comuna de Melipilla. Caminamos mucho, con harto sol, pero cuando lo encontramos y vimos que había grabado todo, dio lo mismo todo lo que habíamos caminado”, relató Joaquín.

El momento del lanzamiento y el resultado final quedaron grabados en la memoria del equipo. “Fue maravilloso, porque fue un trabajo de harto tiempo: salir de clases, usar las vacaciones y levantarse a las cuatro de la mañana para ir al liceo a lanzar el globo”, agregó el estudiante.

Aprendizajes que van más allá de la ciencia

Para el profesor Pailamilla, el valor del proyecto no estuvo solo en el resultado técnico. “Para lograr esto, los estudiantes tuvieron que aprender gestión de proyectos, buscar recursos, programar, estudiar electrónica, presentar ideas y convencer a otros”, explicó.

Y cerró con una reflexión que resume el espíritu de STAX³PLORER: “La vida es así: las cosas no siempre resultan a la primera. Y entender eso, vivirlo, es tan importante como cualquier contenido académico”.

Desde los alumnos, el aprendizaje fue igualmente profundo. “Aprendimos a trabajar en equipo, a comunicarnos con distintas organizaciones y a movernos de una forma más profesional y seria”, señaló Joaquín, quien además adelantó que la experiencia dejó ganas de seguir explorando. “Después de esto quedamos con muchas ganas de seguir haciendo proyectos y experimentar más”.

Así, desde una sala de clases en Colina, un grupo de estudiantes demostró que la ciencia escolar, cuando se combina con motivación, apoyo comunitario y trabajo colaborativo, puede llegar mucho más lejos de lo que parece.

 

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